Trabaja tonos cercanos para paredes, carpintería y techos, variando sólo el valor y la textura. Un umbral ligeramente más oscuro enmarca sin cortar. Añade una nota terrosa o verdosa que conecte con la naturaleza y aporte hondura tranquila en áreas concurridas.
Un riel discreto baña las paredes, lámparas de mesa humanizan rincones y una luz de cortesía debajo de muebles guía por la noche. Regular la intensidad cambia el estado de ánimo. En metros escasos, la dirección de la luz crea profundidad y calma.
Evita focos deslumbrantes y superficies muy reflectantes. Prefiere pantallas opalinas, difusores y barnices satinados que suavicen transiciones. Las sombras bien editadas modelan volumen, favorecen rostros y hacen que los límites se perciban menos abruptos, aportando una amplitud psicológica sorprendentemente efectiva en ambientes compactos.